El amor no es como en las películas de Hollywood

Corrí a través de los pasillos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, asomándome sobre las cabezas de las personas tratando de encontrarla, quería gritar su nombre pero ahogaba la expresión para no generar alarma. No la encontraba, así que debía tomar la decisión de colarme a la sala de abordaje. Sin boleto iba a ser imposible, pero en las películas se veía tan fácil que debía intentarlo. No sabía a qué puerta dirigirme, sólo sabía que iba en un vuelo de Volaris, así que tendría que seguir buscando y perdería tiempo en caso de que la policía decidiera perseguirme. Tenía que arriesgarme para encontrarme con el amor de mi vida y pedirle que no se fuera.

La decisión estaba tomada, me iba a colar entre los uniformados y los detectores de metal. Al llegar le dije al primer oficial que debía entrar para avisarle a un familiar que iba retrasado, pues había olvidado mi boleto y no tenía cómo comunicarme. Me dijo que pidiera que lo vocearan. Insistí en que era urgente para que no me dejara, pero no funcionaba en el policía, que me pidió me alejara. En ese instante reaccioné y corrí hacia el área de detectores de metales pero fue capturado por otros policías. Pésima idea haberlo hecho. Me llevaron a una sala con su superior, quien me interrogó y tuve que decirle mi vergonzosa verdad. Que iba a impedir que una jovencita de 22 años se fuera a estudiar a Canadá para que se quedara conmigo, pues la amaba con todo mi ser.

El oficial creyó mi historia, por un momento pensé que me ayudaría a buscarla, pero sólo me dijo que me fuera y no hiciera más locuras que me llevarían a tener problemas legales más serios. Cuando salía cabizbajo del cuarto, me detuvo, la esperanza de recibir su ayuda se había reanimado. “¿Qué tienes para ofrecerle?”, me preguntó. “¿Crees que cambiará una beca en otro país para quedarse contigo? Ni pienses en arruinarle su futuro sólo porque tú no puedes vivir sin ella, a mí me parece que ella está muy bien sin ti. Madura, hijo”, añadió.

Cada una de las palabras fueron como golpes directos al rostro que me dejaron noqueado, pensando en lo egoísta que sería de mi parte arruinarle el futuro tan brillante que tendría si logra terminar su carrera en Canadá y se queda a trabajar allá. Sin duda estará mucho mejor que en México. Así que decidí olvidarme de ella, aunque por dentro sabía que iba a esperar un posible regreso, el cual no ha llegado.

Ese fue mi momento digno de película de Hollywood, pero de las malas. Uno imagina que la vida te permitirá vivir una novela romántica, con una trama tan dramática que quizá algún día te llevé a la alfombra roja de los Oscar y puedas levantar tu estatuilla. Pero la realidad es que no siempre es así, hay que sufrir en muchas ocasiones antes de encontrar un momento fugaz de romanticismo y eterna felicidad. O al menos eso creo yo, pues ya saben que cada quien habla como le fue en la feria.

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El destino te sigue hasta donde vayas

Cuando te toca, ni aunque te quites, y cuando no te toca, aunque te pongas. Esa es una frase muy trillada de las madres y que muchas veces no tomamos en cuenta o no le damos la suficiente importancia, creemos que será parte de un video con las frases más famosas y graciosas de nuestras mamás. Sin embargo, hace un par de meses comprobé que esto tiene mucha verdad que hasta me asombro. Les cuento…

Siempre he sido una persona que está obsesionada por encontrar al amor de su vida y que se enamora muy fácil, incluso se me sale un ‘te amo’ antes de tiempo y eso ha espantado a muchas chicas con las que he salido. En mi afán de toparme con la persona que me complementará por el resto de mi vida, llegue a tener cierta aversión por enamorarme a cada rato, por lo que de un momento a otro decidí escapar, dejar atrás mi vida pasada y comenzar a edificar una nueva personalidad. Así que compré un boleto en Interjet para irme a vivir un tiempo con mis tíos a Monterrey y allá buscar trabajo y comenzar una vida sin las personas con las que a diario conocía.

La gota que derramó el vaso y que provocó que tomara la decisión de partir fue que después de un año y medio de noviazgo, la chica que era mi pareja decidió tirar todo por la borda debido a que se reencontró con su ex y me dijo que necesitaba acomodar sus ideas para no lastimarme ni jugar conmigo. No entendía como después de un año y medio de ser novios, más un año de conquistarla no fueron suficientes para que ella superara su pasada y lo dejara atrás, pero supongo así es la mente humana, tan compleja e indescifrable. No podía soportar el estar cerca de ella y no quería estarlo cuando decidiera volver con su expareja, así que me fui, hice mis maletas, hablé con mis padres, con mis tíos regios y abordé el avión.

En la Sultana del Norte encontré trabajo en una empresa de comida rápida, pero en el corporativo, donde empezó a irme de las mil maravillas. Al inicio me costó que me respetaran, ya que al ser chilango no les caía muy bien a todos, pero conforme me conocieron, todo comenzó a fluir de la mejor manera posible. Pero tanta felicidad en mi vida no iba a durar para siempre. El destino quería que supiera si la decisión que tome fue la correcta.

Nunca leí los mensajes que me enviaba mi ex, ni contestaba sus llamadas, la eliminé de todas mis redes sociales, estaba muy dolido y no sabía cuándo lo iba a superar. Pero en una ocasión, cuando fui a visitar uno de los lugares más icónicos de Monterrey, me encontré con ella, quien estaba de vacaciones con sus padres. El corazón se me detuvo y, de un segundo para otro, se aceleró. Estaba sola, nadie la acompañaba, mientras que su hermana estaba agarrada de la mano de su novio. No sabía que pensar o hacer, la iniciativa la tuvo ella. Al verme, sin pensarlo dos veces, corrió a abrazarme, me besó con la pasión contenida de dos años sin vernos y se disculpó. Cuando te toca, aunque te quites…

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Quítate el miedo y atrévete a ser tú

Siempre he sido una persona muy divertida, que le gusta hacer reír a las personas, inteligente (o al menos eso creo yo), pero tengo un defecto que oculta todos esos aspectos positivos, y es que soy muy tímido. Al principio me cuesta trabajo ser sociable, pero con el paso del tiempo voy cambiando hasta mostrarme tal cual soy; sin embargo, hay ocasiones en las que sólo tienes una oportunidad para mostrarte a alguien y simplemente tu personalidad no te deja, así que se esfuma dicha oportunidad.

En mi último viaje a Cancún con mis amigos, el cual lo hicimos gracias a que encontramos unos vuelos baratos que se acoplaban a nuestra economía, ellos me hicieron ver que yo no soy el mismo siempre, cambio según con la persona que me encuentre. Yo lo negué, pero ellos estaban completamente seguros y por dentro yo los apoyaba. Por eso estaban dispuestos a quitarme el miedo a las personas o a lo que fuera que me detenía a mostrar mi verdadera personalidad. Según ellos debía pasar dos simples pruebas y habría derrumbado cualquier muro.

PRUEBA 1: Hablar y piropear a una mujer

Para muchos podría ser algo muy sencillo, pero no para mí. Decir un hola era una lucha brutal entre mi corazón y mi mente, ahora ellos iban a decirme que decirle a una chica guapa que ellos eligieran. Me puse el manos libre del celular y a través de una llamada ellos me indicarían que decir. ¿Fácil? No lo creo. Seleccionaron a una morena espectacular que estaba fuera de mi liga, pero a años luz. Las frases que me decían iban desde halagar sus labios, sus ojos y sus piernas, hasta hacer referencias de llevarla a la cama, como “tienes un cuerpo que incita al pecado”. Todo lo dije y para mi sorpresa, muchas de ellas le robaron una risita a mi conquista, quien al final decidió darme su número telefónico. ¡Superada!

PRUEBA 2: Sin miedo al ridículo

Ya había ido a un karaoke y según yo no me daba pena cantar frente a la gente, pero lo que no pensé es que al lugar que fui cantábamos desde nuestro lugar y lo hacíamos en grupo, al que me llevaron en Cancún se hacía en un pequeño escenario y podía ser solo o acompañado. No podía hacerlo, no me atrevía, pero me obligaron. ¿Qué es lo peor que puede pasar?, me decían. Que me abucheen, que quede en vergüenza, que me avienten algo. Su respuesta fue: ¿Y? No tuve respuesta a eso. Comenzó a sonar el inicio de la ‘Chica de humo’, el micrófono temblaba en mi mano y cuando vi que la letra de la canción apareció en la pantalla, me acerqué el micro a la boca, podía notar como temblaba y creí que no saldría nada de mi boca. Pero logré cantar y al escuchar que los presentes en el lugar me acompañaban, me animé y hasta terminé bailando.

Mis amigos me dijeron que si no podía ser yo en unas vacaciones, rodeado de gente que no conozco, nunca podría serlo en otros lugares donde es más complicado debido al estrés que vive la gente y la cotidianeidad.

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