Quítate el miedo y atrévete a ser tú

Siempre he sido una persona muy divertida, que le gusta hacer reír a las personas, inteligente (o al menos eso creo yo), pero tengo un defecto que oculta todos esos aspectos positivos, y es que soy muy tímido. Al principio me cuesta trabajo ser sociable, pero con el paso del tiempo voy cambiando hasta mostrarme tal cual soy; sin embargo, hay ocasiones en las que sólo tienes una oportunidad para mostrarte a alguien y simplemente tu personalidad no te deja, así que se esfuma dicha oportunidad.

En mi último viaje a Cancún con mis amigos, el cual lo hicimos gracias a que encontramos unos vuelos baratos que se acoplaban a nuestra economía, ellos me hicieron ver que yo no soy el mismo siempre, cambio según con la persona que me encuentre. Yo lo negué, pero ellos estaban completamente seguros y por dentro yo los apoyaba. Por eso estaban dispuestos a quitarme el miedo a las personas o a lo que fuera que me detenía a mostrar mi verdadera personalidad. Según ellos debía pasar dos simples pruebas y habría derrumbado cualquier muro.

PRUEBA 1: Hablar y piropear a una mujer

Para muchos podría ser algo muy sencillo, pero no para mí. Decir un hola era una lucha brutal entre mi corazón y mi mente, ahora ellos iban a decirme que decirle a una chica guapa que ellos eligieran. Me puse el manos libre del celular y a través de una llamada ellos me indicarían que decir. ¿Fácil? No lo creo. Seleccionaron a una morena espectacular que estaba fuera de mi liga, pero a años luz. Las frases que me decían iban desde halagar sus labios, sus ojos y sus piernas, hasta hacer referencias de llevarla a la cama, como “tienes un cuerpo que incita al pecado”. Todo lo dije y para mi sorpresa, muchas de ellas le robaron una risita a mi conquista, quien al final decidió darme su número telefónico. ¡Superada!

PRUEBA 2: Sin miedo al ridículo

Ya había ido a un karaoke y según yo no me daba pena cantar frente a la gente, pero lo que no pensé es que al lugar que fui cantábamos desde nuestro lugar y lo hacíamos en grupo, al que me llevaron en Cancún se hacía en un pequeño escenario y podía ser solo o acompañado. No podía hacerlo, no me atrevía, pero me obligaron. ¿Qué es lo peor que puede pasar?, me decían. Que me abucheen, que quede en vergüenza, que me avienten algo. Su respuesta fue: ¿Y? No tuve respuesta a eso. Comenzó a sonar el inicio de la ‘Chica de humo’, el micrófono temblaba en mi mano y cuando vi que la letra de la canción apareció en la pantalla, me acerqué el micro a la boca, podía notar como temblaba y creí que no saldría nada de mi boca. Pero logré cantar y al escuchar que los presentes en el lugar me acompañaban, me animé y hasta terminé bailando.

Mis amigos me dijeron que si no podía ser yo en unas vacaciones, rodeado de gente que no conozco, nunca podría serlo en otros lugares donde es más complicado debido al estrés que vive la gente y la cotidianeidad.